"Broadly speaking, the short words are the best, and the old words best of all" [Sir Winston Churchill]
miércoles, 29 de noviembre de 2006
De la paz de los elefantes
Imre Kértesz, el nobel de literatura húngaro, superviviente de Auschwitz, cuenta, en su libro Kaddish por el hijo no nacido, que para él el judaísmo es una mujer calva vestida con una bata roja, frente al espejo, con una peluca en la mano. Es curioso, ¿verdad? Dice que a él le pasa esto porque el día en que se enteró de que es judío, vio a su tía abuela de esa guisa, en la casa en la que vivía antes de la guerra.
El cerebro humano es misterioso. A veces asociamos imágenes o colores con personas concretas, de suerte que, cada vez que las evocamos, termina por venir a nuestra mente la imagen o el color en cuestión. Así, a mí, por ejemplo, el expresidente Aznar me sugiere un tipo que se comió las fabes de la política a medio cocer, de manera que le provocaron flatulencia galopante (en su caso, creo yo, los gases se le manifiestan por la boca, en lugar de por el ano, pero claro… esto es ya un juicio de opinión con el que probablemente muchos no estén de acuerdo)
En cualquier caso, verdad suprema es que yo, cada vez que veo o recuerdo a Aznar, me lo imagino, con ese gesto agrio de disgusto que lleva en los labios de unos años a esta parte, sentado delante de un plato de fabes, babero incluido.
Esto mismo me ha pasado esta mañana cuando, como de costumbre, he puesto las noticias mientras tomaba el desayuno. Aparece Aznar en una tribuna, melena al viento –sí, sí… siempre fue algo ye-ye: antes llevaba pulseritas de hilo en la muñeca, ahora luce frondosa y reluciente melena, de color sustancialmente menos blanco que su inspirador bigote- Perdón: que me emociono... Decía que aparecía el nacionalcatolicísimo expresidente en una tribuna, las comisuras de la boca arrugadas (como otro al que también evoco comiendo fabes) y como un agüilla en los ojos, diciendo: “Y a mí, (…) déjenme en paz”
¡Hay que ver la poca memoria que tiene la clase política! Estoy realmente asombrado. ¡Pobre Ánsar!... necesita que lo dejen en paz, ahora que es líder mundial y rabino de Georgetown.
Ánsar, que se dedica a pisar callos desde que abandonó la Moncloa, diciendo que los árabes no se lavan, o que los moros (así dice) del 711 aún no le han pedido a él perdón por invadir la Península Ibérica, o yendo a una universidad extranjera de prestigio a llamar al actual presidente de gobierno de España “traidor” –textual- pide a los medios que le den tregua: que lo dejen en paz. ¡Animalito! Si es que es un incomprendido…
La senda de los elefantes es, casi siempre, a la medida del líder que camina por ella. Así, por ejemplo, oímos bien poco hablar de Gorbachov, o de Thatcher, del mismo modo en que dio poco que hablar Mitterrand antes de morir, o Clinton, o Carter, o Bush (padre). Cuando oímos hablar de estos personajes es, casi siempre, bien: Fulanito en el Banco Mundial, Menganita doctora honoris causa, Zutanito consejero de honor de no sé qué… lo normal.
Y es que el que camina por la senda de los elefantes con la conciencia de haber hecho un buen trabajo, se sienta a recoger –entonces para sí- los frutos de su dedicación y el respeto merecido. Encuentra entonces lo que yo llamo LA PAZ DE LOS ELEFANTES: disfrutan de un relativo silencio mediático [escogiendo –o pudiendo escoger, más o menos- sus apariciones televisivas, o radiofónicas] gozan de respeto y admiración, y ganan mucho más dinero del que podrían imaginar, dando conferencias, escribiendo artículos y recaudando fondos para el hambre en África. Loable todo, no digo que no...
Pero luego hay algunos personajes –es curioso: la mayor parte son dictadores o figuras autoritarias: Ménem, Fuji-Mori, y demás figuras del catálogo- que no gozan, no encuentran, esa paz de los elefantes porque, básicamente y en castizo, no se puede estar en misa y repicando.
Yo le diría al señor Aznar –que tiene, aunque quizás no se desprenda de estas líneas, mi respeto por las cosas que hizo bien- que deje de grAznar en público y que haga un ejercicio de reflexión y de memoria.
Señor Aznar: usted acosó mediática y políticamente a un expresidente que, contrariamente a usted, ha mantenido siempre un perfil bajo y eminentemente intelectual, desde que saliera de la Moncloa. En sus ocho años de gobierno, recuerdo al menos cuatro ocasiones en las que se acusó ridícula e indebidamente a D. Felipe González de hacer esto o aquello, poniendo su imagen y su prestigio en la picota de manera gratuita. Haré referencia, por no lanzar la piedra y esconder la mano, a la que creo fue la última y más grave de estas acusaciones:
Estando las relaciones bilaterales con Marruecos seriamente dañadas, suspendidos los acuerdos de pesca y demás, se acusó al expresidente González de haber ido a negociar unilateralmente y contra los designios del gobierno, con el Rey Mohammed VI. En aquel atropello mediático tronaron las palabras “irresponsable” y “traidor” en los labios de todos los miembros del gobierno, bien altas y claras, para que las oyeran todos los españoles (atónitos, por otra parte)
Terminó por aclararse el pastiche, claro, como siempre [en este caso hizo falta que González amenazase con emprender acciones] Resultó que González había ido a Marruecos en visita estrictamente privada y que había visitado al rey Mohammed VI, con quien le une una estrecha amistad. ¿Lo grave? Que el gobierno arguyó ocultación del viaje cuando estaba perfectamente enterado, porque los expresidentes tienen obligación de notificar sus viajes al extranjero y, de hecho, Moncloa había tramitado los permisos de armas de los escoltas de González en Marruecos.
Reflexione, señor Aznar: lo del famoso vídeo del PSOE –que, por otra parte, dicho sea de paso, no apruebo- no es una campaña de desprestigio, ni una calumnia: son imágenes suyas, declaraciones públicas de cuando era usted presidente de gobierno. Dígame: cuando usted pide que los medios lo dejen en paz… ¿a qué se refiere? Supongo que no quiere usted decir que no quiere que se hable más de usted –de hecho, según la prensa, anteayer asistió usted a un homenaje en su honor- ¿Quiere usted acaso decir que pide que no se le calumnie? ¿Qué no se le niegue la paz de los elefantes que usted corrompió para otros? ¡Qué flaca memoria, señor Aznar! ¡Qué flaca! Pero, insisto… ¿quién lo ha calumniado a usted, señor Aznar? ¿Quién lo acusa en falso de hacer qué, exactamente?
No apruebo lo que se ha hecho, señor Aznar, ya lo he dicho antes. De hecho, prefiero no tener que verlo en televisión, ni por este, ni por otros motivos (sobre todo para no tener que imaginármelo comiendo fabes) Pero recuerde, señor Aznar, que a usted no lo ataca nadie. Que, de hecho, sobre usted nunca se ha dicho nada que no sea cierto en los medios. ¿Qué mas paz puede desear? Al fin y al cabo, tiene la que usted mismo se labra…
Cuidaos todos mucho, que sois el futuro.
L
martes, 28 de noviembre de 2006
De churras, merinas, churros y merinos
Hola de nuevo.
Estoy indignado. Indignadísimo, incluso, por el artículo que ELPAIS ha tenido a bien publicarle a una señora que se llama Amparo Rubiales –abogada y profesora universitaria en Sevilla, consejera del Consejo Consultivo de Andalucía- Y es que esta señora mezcla, como es habitual en la crónica española, churras con merinas.
Veamos: reivindica doña Amparo los logros y conquistas del feminismo clásico; que si las sufragistas por el derecho al voto universal, que si la integración social y laboral de la mujer, que si patatín, que si patatán. Y sí señora. Nadie está más de acuerdo con usted que yo, doña Amparo; que creo en la igualdad, no ya formal, sino también material, de la mujer: en su integración, como miembro de la sociedad moderna y democrática, como ciudadana, como factor de progreso social y económico, etc.
Hasta aquí, nadie discute nada. El problema viene cuando queremos ser más papistas que el Papa, llevando hasta el absurdo la lucha sexista sesentera y alegando que el uso del masculino en la expresión de un colectivo mixto en el lenguaje es un atropello de la feminidad. Aquí comienza el max-mix, el sinsentido:
Como bien explica la RAE –no ya en su gramática, sino en la respuesta a la consulta planteada por el Parlamento Andaluz, que es, además, citada y reproducida parcialmente por la autora- “el empeño en utilizar sistemáticamente [los] desdoblamientos [masculino/femenino] tiene su origen, en unos casos, en el desconocimiento de lo que gramaticalmente se define como uso genérico del masculino gramatical y, en otros, en la voluntad declarada por parte de determinados colectivos sociales y políticos de suprimir este rasgo inherente al sistema de la lengua como si fuese una consecuencia más de la dominación histórica del varón sobre la mujer en las sociedades patriarcales. El uso genérico del masculino gramatical se basa en la oposición binaria masculino /femenino”
¡Pues claro! Y no es esto extraño en un idioma que carece de género neutro; me explico: en castellano no existe género neutro salvo por la subsistencia de palabras provenientes de la tercera declinación latina, lo que equivale, por ejemplo, a los adjetivos terminados en e [pongamos por caso inteligente, consecuente, torpe o miserable] o a las palabras que terminan en consonante [así, por ejemplo, sagaz, locuaz, oficial o normal] En ausencia de neutro con el que designar el género indeterminado e indeterminable, el colectivo genérico –o mixto, como yo prefiero llamarlo- se expresa, por consiguiente, en castellano, mediante el uso del masculino. Así, se habla de “los ciudadanos”, “los políticos” o “los comerciantes”, sin que podamos entender que en estos colectivos no existe un individuo mujer.
No descubro a nadie nada nuevo si digo que, reunidas sólo las ministras del actual gobierno, no podemos referirnos a ellas como “los ministros”, pues estamos, en este caso, frente a un colectivo cuyo género está clara e inequívocamente determinado.
Este desaguisado tiene, además, dos vertientes:
(i) La constante deformación de palabras de la tercera declinación por reivindicación sexista, lo que es una aberración, además de una ridiculez que resta, siempre en mi opinión, credibilidad a la causa femenina: así, fiscala, generala, mariscala, cancillera, jueza o ujiera. Esto, además de estéticamente horrible, es tan ridículo como comenzar a decir taxisto, futbolisto, estudianto o ciclisto. Seamos serios…
Señores: cada palabra tiene su género y su forma genérico-mixta. Que no es lo mismo mezclar churras con merinas, que churros con merinos (lo que por otra parte, suena divertido) Así, una merina es una oveja y un merino es un tipo de juez (o, según la RAE, también un cordoncillo fino, en que la trama y urdimbre son de lana escogida y peinada) e igualmente, donde una churra es una oveja de Huesca, un churro, claramente, no lo es; y
(ii) La implacable reiteración de la oposición binaria: ciudadanas y ciudadanos, vascos y vascas, tontos y tontas… lo cual, amén de poco práctico, nos hace parecer a todos como recién salidos del cotolengo.
Me opongo: me parece una sandez. ¿Es que no podemos salir un grupo de hombres y mujeres a tomar una copa juntos sin decir que salimos “juntos y juntas” o, peor aún, junt@s?
Mirad: yo creo firmemente en la igualdad de la mujer, pero en este, como en otros muchos temas, estamos sacando los pies del tiesto. Me sorprende que el periódico no deportivo de mayor tirada del país sirva de tribuna, en página derecha de la sección de opinión, a semejante panfleto del absurdo –sí: lo siento: respeto la opinión, pero me parece un argumento desatinado: se puede querer modelar el lenguaje, pero no basar el asunto en pretensiones ideológicas de este calado- ELPAIS debería, como hiciera en su momento el Frankfurter Algemeine, centrar sus esfuerzos en contribuir a la calidad de un lenguaje cada vez más denostado –vaya aquí, por cierto, un rapapolvo a los correctores de ELPAIS, porque cada día se les cuelan más laísmos, “deques” y demás patadas…-
¡Ay, ay, ay! Doña Amparo: yo no me opongo al libre uso del femenino, cuando toque, ni a su prevalencia cuando corresponda. Así, podrá observar más arriba que me refiero a usted como autora –por mucho que se trate, ahora también, de una palabra de la tercera declinación, ésta además, sin femenino irregular –no puedo decir “autriz” como de hecho digo actriz- Pero ni creo que sea saludable terminar hablando del Partido Comunisto, ni creo que los personajes femeninos de las novelas deban llamarse personajas.
La conquista social va por un lado. Su reivindicación, con todo lo que aún queda por hacer, es válida, e incluso necesaria. El esperpento lingüístico, sin embargo, no.
Cuidaos mucho, que sois el futuro.
L
De rei romanorum...
Buenas noches.
No podía ser de otra manera. ¡Con días como el de hoy se hacen crónicas enteras! Ludwig y yo estamos de suerte: ¡vaya estreno! Un día repletito, y no: no voy a hablar del vídeo del PSOE sobre las andanzas del Sr. Aznar con el Movimiento Vasco de Liberación [que hay que ver lo que cambian las cosas, según quién las cuente...] No: aunque sea el único ciudadano en edad sufragista de este país [España, para los no iniciados] que no monte una tangana respecto del famoso vídeo, no pienso hablar –al menos hoy- de ello, que ya tendremos tiempo para revolcones de envergadura... Además: esto de hacer democracia con vídeos... ¡pero bueno! ¿Y para qué están las hemerotecas? Claro que... si hacemos hemerotecas y la gente no va [¡qué demonios! ¡Pero si en este país nadie compra prensa! ¿Cómo vamos a pedirle a la gente, encima, que lea periódicos viejos en microfilm? Así nos va...]
En un día como hoy, víspera de benedictino viaje a Turquía, con pancartas antipapa y todo (está la cosa que arde... ¡si hasta a Berlusconi le ha dado un vahido! Claro que... igual es porque le tiran los puntos del lifting, que nadie ha dicho que sea de preocupación por el Papa...) En un día, digo, como el de hoy, tan lleno de noticias, de epopeyas papales, de vídeos y de desmayos... ¿cómo no íbamos Ludwig y yo a encontrar algo de lo que hablar?
Por ejemplo: muy gratamente me ha sorprendido el por otra parte algo sensacionalista titular de la entrevista a Ben-Ami que publicaba ELPAIS esta mañana. Y es que dice el historiador y diplomático israelí
"Con los palestinos no hay que hacer el amor, sino la paz"
¡Huy! ¡Qué original! Y ¿qué dirá de esto Yoko Ono, la pancarta oriental de aquello de hacer el amor y no la guerra? Ahora que ha mandado un mesiánico mensaje a la Humanidad en bloque, pidiendo perdón por el sufrimiento en el mundo, seguro que tiene una opinión. A lo mejor incluso nos deleita con una disertación sobre el amor sin paz, o sobre la paz sin amor (¡Qué dicotómico todo! ¿Verdad?) Esta Yoko...
Volviendo: estoy, en esencia y como es lógico, en total acuerdo con Shlomo Ben-Ami... Es una pena que el gobierno israelí no cuente con más hombres como él, y sí tenga, en cambio, entre sus filas, a más de un fascista con poca memoria histórica y ataques de fariseismo galopantes, con rasgaduras de atuendo incluidas. Y ¡ojo!, que no digo yo que estén libres de pecado los palestinos, vive Dios, que no estamos Ludwig y yo tan ciegos, pero bueno: estaréis conmigo en que no es lo mismo que te quiten tu casa, que que te diga el Primer Ministro británico que te cede una parcela en su protectorado, a orillas del Mare Nostrum, con cocotero incluido y unos cuantos Tomahawk para protegerte, por si viene Alí Baba. Las cosas, como siempre, depende del cristal con que se miren...
Si a la disputa sobre el tracto sucesivo (esto es mío, esto es tuyo, aquí nació mi Dios, y aquí el tuyo...) añadimos, además, medio siglo (largo) de matanzas... Vamos a ver: el problema básico –y digo básico, no único, ¡oh, sagaces lectores!- es el rencor. Así, allí es imposible dar con alguien a quien un loco -o un misil- del otro lado no le haya matado a una prima, a una madre, a una abuela o a un hermano [y esto sin contar con incursiones libanesas, egipcias y demás] ¿Cómo se puede avanzar en semejante panorama? ¡Siempre va a haber alguno que se tome la justicia por su mano, en plan heterotutela! (yo me lo guiso y yo me lo como, vamos) Y nada: la Humanidad, a darse cabezazos contra el muro de las lamentaciones, mientras una panda de barbudos con rizos y gorrito gritan eso del ojo por ojo, diente por diente, zarandeando un avispero cada vez más lleno de ayatolahs y suicidas iletrados.
Hacen falta gobiernos, señores. Y no valen los tecnócratas, ni los economistas ni, desgraciadamente, los filósofos. Lo que hace falta es una nueva generación de políticos como los que fraguaron los grandes avances del tercer y cuarto cuarto del siglo XX. ¿Dónde están los líderes del mundo libre que creían en lo que pensaban, y no en lo que dicen las encuestas? ¿Es que no hay Mitterandes, Kohles, Thatcheres, Gonzáleces, Cárteres? No... ahora sólo hay Blaires, Sarkozys, Berlusconis y Bushes Jr... Una pena, una pena...
Ahora, precisamente que, frente a la autocensura y la amenaza del conformismo ideológico de una población que se adormece frente al Gran Hermano; ahora que en el sacrosanto espacio ganado al mar, donde corre la marihuana, se habla de xenofobia, de miedo al inmigrante, de fascismo, en suma... ahora que las segundas vueltas de la Vème République son entre la derecha y la extrema derecha (¡viva Ségolene!, por cierto) y los laboristas hacen guerras preventivas (¿qué pensarían Chamberlain y Ghandi de todo esto?) Ahora: ahora, lo que hacen falta son líderes como aquéllos y... claro... también... cuidadanos como aquéllos...
Y nada de xenofobia, ni de racismo, ni de rancios clasismos este-oeste... que parece mentira cómo el Hombre se va creando demonios... ¡No ha hecho más que caer el telón de acero, el enemigo común, y ya nos hemos buscado otro! Éste más invisible si cabe, más peligroso por difícil de identificar: un enemigo grande y oscuro que vive tras la barba de cualquier saudita inocente que viaje libremente en un avión, o de cualquier subsahariano que baja, tambaleándose, de una patera en Lanzarote... ¿Dónde hemos llegado?
Hoy leía en una entrevista al experto en educación del Banco Mundial –Juan Manuel Moreno- que “Cuanto más progresa un sistema, mayor es la insatisfacción”... Yo no sé si ésta es la conclusión, la consecuencia, o la base del problema. Lo único que yo sé es que no podemos, no tenemos derecho a decirnos insatisfechos. Tenemos cuanto precisamos pero... falla la base: es imprescindible no perder la perspectiva y la conciencia de lo que somos, de lo que tenemos, como sistema de progreso. Esto implica ser también consciente de las carencias del modelo: de sus desigualdades y de sus defectos.
La democracia no vale nada si la ciudadanía que la sustenta no cree en sus principios o si, por dejadez o insatisfacción, olvida sus conceptos fundamentales. El ciudadano demócrata –entendido como miembro activo de una democracia sana - debe ser consciente de que la democracia sólo puede funcionar si romaniza: si se extiende, mediante la razón, con sus únicas dos armas en equilibrio: la libertad y la igualdad. Y no valen las bombas. Y menos las bombas preventivas. Para extender la democracia y reafirmarla hay que recordar que el famoso “todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que los otros” es la mentira que marca el principio del final, el germen de los coches incendiados, de las bombas en los mercados y de los controles aeroportuarios desmedidos.
Nunca podremos entrar, como demócratas, en la Asamblea Nacional –o en cualquier otro parlamento- con la cabeza alta, mientras a alguien que pasa hambre le estemos poniendo en la mano un rifle en lugar de un pan. Y más allá incluso: allí donde decidamos poner el pan, deberíamos enseñar a cocerlo. Así detrás del hambre saciada no vendría la vergüenza, sino la dignidad y el progreso y... ¿sabéis qué creo? Que con la dignidad y el progreso es más fácil sentarse a hablar sobre las diferencias.
¿Platónico? Es posible, pero... ¿acaso no está cada vez más claro que Platón, en realidad, siempre llevó razón?
Cuidaos mucho, que sois el futuro.
L.domingo, 26 de noviembre de 2006
Hágase ¿la luz?
Calma, calma, Ludwig, calma... esto se quita saliendo al escenario sonrisa en ristre. ¡Que no se note! ¡Aprieta el culo, que no tiemblen las piernas!... habla pausadamente y respira. Alto y claro; ¡que se oiga bien también al fondo! ¡en todos los rincones! ¡Ah! y esas manos... ¡las manos fuera de los bolsillos, Ludwig!, que nos conocemos...
[Ahora sí...]
Buenas noches
Bienvenidos a la Columna. A mi columna: La Columna de Ludwig.
Aquí, según se suele decir vulgarmente, acaba de hacerse la luz. ¡Pues vaya rollo de luz!, diréis. Hombre... os ruego indulgencia: bien sé yo que entre Él y yo hay serias diferencias. ¿Qué diablos esperabais? ¿El Big Bang? Además: ¡si ya está todo inventado! Haga lo que haga, comparado con el fulgor genésico del día y de la noche, todo me va a quedar pobretón y sin lustre...
Y no es que se haga la luz sin entusiasmo, ¿eh? Ante todo, que conste en acta que el dedo que imprimió de luz a este chispazo ha sido firme. Fir-me. Voluntad no me falta, no... ¿qué? ¡Ay, vaya por Dios!... no; si ya sabía yo que me olvidaba de algo...
Soy Ludwig. Bien, bien, claro: es un pseudónimo -¿o seudónimo? ¡rayos! con éstos de la RAE cambiándonos las reglas todos los días, no hay quien se aclare ya...- Es un pseudónimo, digo, sí... pero bueno: ya le tengo cierto aprecio, después de dos años paseándome con él por eso que llaman la blogosfera... Algunos -los más, supongo... al menos hoy, con esta luz recién hecha- me conocéis, aunque no sea en persona.
Y sí: la verdad es que me siento cómodo ya, en este traje de Ludwig... Al principio sentí que me venía grande y luego... luego como que me tiraba la sisa un poco, en ocasiones, cuando hacía por alcanzar el fondo de los armarios. Pero ya nos hemos hecho el uno al otro, Ludwig y yo, en plan simbiosis. Veréis: llegó un momento en el que Yo (el sin pseudónimo) me puse un día frente al espejo, en plan Alicio, la mar de ineteresado por lo que veía al otro lado, y le dije al del traje estrecho:
"Mira, Ludwig: tú y yo vamos a tener que llevarnos bien, ¿sabes? Y eso porque tú, sin mí, no eres nada; porque vives perpetuamente en el instante en el que se desdibujan las cosas, como cuando amanece, y necesitas de mi solidez para afirmarte y... sí, sí... no te niego que tú a mí también me haces falta, que necesito tu mano para salir a escena a pegar voces, tu traje para que me confundan contigo, ¿ves?"
Ludwig es un tipo razonable. Lo entendió y nos llevamos bien. Ahora Ludwig es muy yo. Y Yo... sí: la verdad es que también soy cada vez más Ludwig.
Los que estén pensando que Ludwig y yo estamos algo locos y que esto, con tanto preámbulo y tanto hagaselaluz y tanta yerba, carece de un sentido claro, además de no parecerse en nada a una columna, llevan razón. Y prometo enmendarme en próximas entregas, pero bueno: es que éste es, digamos, el primer capítulo y... ¿de qué iba yo a hablar en el primer capítulo? El tema del que hablase en un primer capítulo quedaría resaltado... parecería que es el tema que más me preocupa, el que más me obsesiona, o aquél con el que más me identifico. A algún lector de ésos que se tienen por astutos podría parecerle incluso que es el tema que encendió la luz que acabamos de hacer con tanto esfuerzo...
No, no... no hay tema. Esta Columna no va de ETA, ni del conflicto arabe-israelí, ni de Al-Qaeda, ni de periodistas asesinados, ni de política, ni de demócratas o republicanos... o, bueno... quizás vaya de todo esto y de mucho más, y de nada en particular. ¡Hey! ¡pero si es que las columnas no tienen Leitmotiv! Cada día tocará una cosa, claro... y no vamos a hablar siempre de guerras, ni de bombas, ni de huracanes, ¡leche! que también hay veces que las buenas noticias son noticias -como la de que cada año se encuentran 150 nuevas especies animales en España... ¡sí, sí... en España!- Hay veces, incluso, en que la cultura, esa pobre denostada, es noticia -mirad la exposición sobre Alejandría en París, por ejemplo-
De todo esto hablaremos, largo y tendido, "Ludwig y yo", ahora que se ha hecho esta luz de gas que pronto, espero, brillará con mucha más fuerza... Porque en una columna tiene que caber de todo, y tenemos que caber todos. Y es que la Columna; esta columna, es mía; es vuestra; es de todos. De todos los que piensan, aunque sólo sea un poquito, de vez en cuando, cuando se callan los ruidos que atronan la paz de nuestras cabecitas pensantes: de todos los que tienen -y luchan por seguir teniendo- una opinión.
Y aquí me callo. Corto el rollo, como dicen los más-que-modernos, postmodernos. Que el propósito de esto no era otro que el de presentaros la Columna y darme a conocer -a los que nunca se habían topado conmigo, claro- Hablaremos pronto: tan pronto como mañana, quizás, porque en este mundo ocurren tantas cosas que, según pasan los minutos, se nos acumula el trabajo.
¡Anda, Ludwig!, ¡vámonos!... sí, sí... lo has hecho bien. Anda, apaga la luz.... ¡No! ¡ésa no, tarugo! ¡la otra, la que contamina! ésa es la que acabamos de... Madre, ¡qué paciencia!, ¡qué paciencia!
En fin, amigos: lo dicho ¡Cuento con vosotros! Hasta pronto.
Y ya sabéis, porque ¿quién sería este Ludwig si no lo dijese? Cuidaos mucho, que sois el futuro.
Ludwig.