"Broadly speaking, the short words are the best, and the old words best of all" [Sir Winston Churchill]

miércoles, 29 de noviembre de 2006

De la paz de los elefantes

Hola a todos,

Imre Kértesz, el nobel de literatura húngaro, superviviente de Auschwitz, cuenta, en su libro Kaddish por el hijo no nacido, que para él el judaísmo es una mujer calva vestida con una bata roja, frente al espejo, con una peluca en la mano. Es curioso, ¿verdad? Dice que a él le pasa esto porque el día en que se enteró de que es judío, vio a su tía abuela de esa guisa, en la casa en la que vivía antes de la guerra.

El cerebro humano es misterioso. A veces asociamos imágenes o colores con personas concretas, de suerte que, cada vez que las evocamos, termina por venir a nuestra mente la imagen o el color en cuestión. Así, a mí, por ejemplo, el expresidente Aznar me sugiere un tipo que se comió las fabes de la política a medio cocer, de manera que le provocaron flatulencia galopante (en su caso, creo yo, los gases se le manifiestan por la boca, en lugar de por el ano, pero claro… esto es ya un juicio de opinión con el que probablemente muchos no estén de acuerdo)

En cualquier caso, verdad suprema es que yo, cada vez que veo o recuerdo a Aznar, me lo imagino, con ese gesto agrio de disgusto que lleva en los labios de unos años a esta parte, sentado delante de un plato de fabes, babero incluido.

Esto mismo me ha pasado esta mañana cuando, como de costumbre, he puesto las noticias mientras tomaba el desayuno. Aparece Aznar en una tribuna, melena al viento –sí, sí… siempre fue algo ye-ye: antes llevaba pulseritas de hilo en la muñeca, ahora luce frondosa y reluciente melena, de color sustancialmente menos blanco que su inspirador bigote- Perdón: que me emociono... Decía que aparecía el nacionalcatolicísimo expresidente en una tribuna, las comisuras de la boca arrugadas (como otro al que también evoco comiendo fabes) y como un agüilla en los ojos, diciendo: “Y a mí, (…) déjenme en paz

¡Hay que ver la poca memoria que tiene la clase política! Estoy realmente asombrado. ¡Pobre Ánsar!... necesita que lo dejen en paz, ahora que es líder mundial y rabino de Georgetown.

Ánsar, que se dedica a pisar callos desde que abandonó la Moncloa, diciendo que los árabes no se lavan, o que los moros (así dice) del 711 aún no le han pedido a él perdón por invadir la Península Ibérica, o yendo a una universidad extranjera de prestigio a llamar al actual presidente de gobierno de España “traidor” –textual- pide a los medios que le den tregua: que lo dejen en paz. ¡Animalito! Si es que es un incomprendido…

La senda de los elefantes es, casi siempre, a la medida del líder que camina por ella. Así, por ejemplo, oímos bien poco hablar de Gorbachov, o de Thatcher, del mismo modo en que dio poco que hablar Mitterrand antes de morir, o Clinton, o Carter, o Bush (padre). Cuando oímos hablar de estos personajes es, casi siempre, bien: Fulanito en el Banco Mundial, Menganita doctora honoris causa, Zutanito consejero de honor de no sé qué… lo normal.

Y es que el que camina por la senda de los elefantes con la conciencia de haber hecho un buen trabajo, se sienta a recoger –entonces para sí- los frutos de su dedicación y el respeto merecido. Encuentra entonces lo que yo llamo LA PAZ DE LOS ELEFANTES: disfrutan de un relativo silencio mediático [escogiendo –o pudiendo escoger, más o menos- sus apariciones televisivas, o radiofónicas] gozan de respeto y admiración, y ganan mucho más dinero del que podrían imaginar, dando conferencias, escribiendo artículos y recaudando fondos para el hambre en África. Loable todo, no digo que no...

Pero luego hay algunos personajes –es curioso: la mayor parte son dictadores o figuras autoritarias: Ménem, Fuji-Mori, y demás figuras del catálogo- que no gozan, no encuentran, esa paz de los elefantes porque, básicamente y en castizo, no se puede estar en misa y repicando.

Yo le diría al señor Aznar –que tiene, aunque quizás no se desprenda de estas líneas, mi respeto por las cosas que hizo bien- que deje de grAznar en público y que haga un ejercicio de reflexión y de memoria.

Señor Aznar: usted acosó mediática y políticamente a un expresidente que, contrariamente a usted, ha mantenido siempre un perfil bajo y eminentemente intelectual, desde que saliera de la Moncloa. En sus ocho años de gobierno, recuerdo al menos cuatro ocasiones en las que se acusó ridícula e indebidamente a D. Felipe González de hacer esto o aquello, poniendo su imagen y su prestigio en la picota de manera gratuita. Haré referencia, por no lanzar la piedra y esconder la mano, a la que creo fue la última y más grave de estas acusaciones:

Estando las relaciones bilaterales con Marruecos seriamente dañadas, suspendidos los acuerdos de pesca y demás, se acusó al expresidente González de haber ido a negociar unilateralmente y contra los designios del gobierno, con el Rey Mohammed VI. En aquel atropello mediático tronaron las palabras “irresponsable” y “traidor” en los labios de todos los miembros del gobierno, bien altas y claras, para que las oyeran todos los españoles (atónitos, por otra parte)

Terminó por aclararse el pastiche, claro, como siempre [en este caso hizo falta que González amenazase con emprender acciones] Resultó que González había ido a Marruecos en visita estrictamente privada y que había visitado al rey Mohammed VI, con quien le une una estrecha amistad. ¿Lo grave? Que el gobierno arguyó ocultación del viaje cuando estaba perfectamente enterado, porque los expresidentes tienen obligación de notificar sus viajes al extranjero y, de hecho, Moncloa había tramitado los permisos de armas de los escoltas de González en Marruecos.

Reflexione, señor Aznar: lo del famoso vídeo del PSOE –que, por otra parte, dicho sea de paso, no apruebo- no es una campaña de desprestigio, ni una calumnia: son imágenes suyas, declaraciones públicas de cuando era usted presidente de gobierno. Dígame: cuando usted pide que los medios lo dejen en paz… ¿a qué se refiere? Supongo que no quiere usted decir que no quiere que se hable más de usted –de hecho, según la prensa, anteayer asistió usted a un homenaje en su honor- ¿Quiere usted acaso decir que pide que no se le calumnie? ¿Qué no se le niegue la paz de los elefantes que usted corrompió para otros? ¡Qué flaca memoria, señor Aznar! ¡Qué flaca! Pero, insisto… ¿quién lo ha calumniado a usted, señor Aznar? ¿Quién lo acusa en falso de hacer qué, exactamente?

No apruebo lo que se ha hecho, señor Aznar, ya lo he dicho antes. De hecho, prefiero no tener que verlo en televisión, ni por este, ni por otros motivos (sobre todo para no tener que imaginármelo comiendo fabes) Pero recuerde, señor Aznar, que a usted no lo ataca nadie. Que, de hecho, sobre usted nunca se ha dicho nada que no sea cierto en los medios. ¿Qué mas paz puede desear? Al fin y al cabo, tiene la que usted mismo se labra…

Cuidaos todos mucho, que sois el futuro.

L

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