Buenas noches.
No podía ser de otra manera. ¡Con días como el de hoy se hacen crónicas enteras! Ludwig y yo estamos de suerte: ¡vaya estreno! Un día repletito, y no: no voy a hablar del vídeo del PSOE sobre las andanzas del Sr. Aznar con el Movimiento Vasco de Liberación [que hay que ver lo que cambian las cosas, según quién las cuente...] No: aunque sea el único ciudadano en edad sufragista de este país [España, para los no iniciados] que no monte una tangana respecto del famoso vídeo, no pienso hablar –al menos hoy- de ello, que ya tendremos tiempo para revolcones de envergadura... Además: esto de hacer democracia con vídeos... ¡pero bueno! ¿Y para qué están las hemerotecas? Claro que... si hacemos hemerotecas y la gente no va [¡qué demonios! ¡Pero si en este país nadie compra prensa! ¿Cómo vamos a pedirle a la gente, encima, que lea periódicos viejos en microfilm? Así nos va...]
En un día como hoy, víspera de benedictino viaje a Turquía, con pancartas antipapa y todo (está la cosa que arde... ¡si hasta a Berlusconi le ha dado un vahido! Claro que... igual es porque le tiran los puntos del lifting, que nadie ha dicho que sea de preocupación por el Papa...) En un día, digo, como el de hoy, tan lleno de noticias, de epopeyas papales, de vídeos y de desmayos... ¿cómo no íbamos Ludwig y yo a encontrar algo de lo que hablar?
Por ejemplo: muy gratamente me ha sorprendido el por otra parte algo sensacionalista titular de la entrevista a Ben-Ami que publicaba ELPAIS esta mañana. Y es que dice el historiador y diplomático israelí
"Con los palestinos no hay que hacer el amor, sino la paz"
¡Huy! ¡Qué original! Y ¿qué dirá de esto Yoko Ono, la pancarta oriental de aquello de hacer el amor y no la guerra? Ahora que ha mandado un mesiánico mensaje a la Humanidad en bloque, pidiendo perdón por el sufrimiento en el mundo, seguro que tiene una opinión. A lo mejor incluso nos deleita con una disertación sobre el amor sin paz, o sobre la paz sin amor (¡Qué dicotómico todo! ¿Verdad?) Esta Yoko...
Volviendo: estoy, en esencia y como es lógico, en total acuerdo con Shlomo Ben-Ami... Es una pena que el gobierno israelí no cuente con más hombres como él, y sí tenga, en cambio, entre sus filas, a más de un fascista con poca memoria histórica y ataques de fariseismo galopantes, con rasgaduras de atuendo incluidas. Y ¡ojo!, que no digo yo que estén libres de pecado los palestinos, vive Dios, que no estamos Ludwig y yo tan ciegos, pero bueno: estaréis conmigo en que no es lo mismo que te quiten tu casa, que que te diga el Primer Ministro británico que te cede una parcela en su protectorado, a orillas del Mare Nostrum, con cocotero incluido y unos cuantos Tomahawk para protegerte, por si viene Alí Baba. Las cosas, como siempre, depende del cristal con que se miren...
Si a la disputa sobre el tracto sucesivo (esto es mío, esto es tuyo, aquí nació mi Dios, y aquí el tuyo...) añadimos, además, medio siglo (largo) de matanzas... Vamos a ver: el problema básico –y digo básico, no único, ¡oh, sagaces lectores!- es el rencor. Así, allí es imposible dar con alguien a quien un loco -o un misil- del otro lado no le haya matado a una prima, a una madre, a una abuela o a un hermano [y esto sin contar con incursiones libanesas, egipcias y demás] ¿Cómo se puede avanzar en semejante panorama? ¡Siempre va a haber alguno que se tome la justicia por su mano, en plan heterotutela! (yo me lo guiso y yo me lo como, vamos) Y nada: la Humanidad, a darse cabezazos contra el muro de las lamentaciones, mientras una panda de barbudos con rizos y gorrito gritan eso del ojo por ojo, diente por diente, zarandeando un avispero cada vez más lleno de ayatolahs y suicidas iletrados.
Hacen falta gobiernos, señores. Y no valen los tecnócratas, ni los economistas ni, desgraciadamente, los filósofos. Lo que hace falta es una nueva generación de políticos como los que fraguaron los grandes avances del tercer y cuarto cuarto del siglo XX. ¿Dónde están los líderes del mundo libre que creían en lo que pensaban, y no en lo que dicen las encuestas? ¿Es que no hay Mitterandes, Kohles, Thatcheres, Gonzáleces, Cárteres? No... ahora sólo hay Blaires, Sarkozys, Berlusconis y Bushes Jr... Una pena, una pena...
Ahora, precisamente que, frente a la autocensura y la amenaza del conformismo ideológico de una población que se adormece frente al Gran Hermano; ahora que en el sacrosanto espacio ganado al mar, donde corre la marihuana, se habla de xenofobia, de miedo al inmigrante, de fascismo, en suma... ahora que las segundas vueltas de la Vème République son entre la derecha y la extrema derecha (¡viva Ségolene!, por cierto) y los laboristas hacen guerras preventivas (¿qué pensarían Chamberlain y Ghandi de todo esto?) Ahora: ahora, lo que hacen falta son líderes como aquéllos y... claro... también... cuidadanos como aquéllos...
Y nada de xenofobia, ni de racismo, ni de rancios clasismos este-oeste... que parece mentira cómo el Hombre se va creando demonios... ¡No ha hecho más que caer el telón de acero, el enemigo común, y ya nos hemos buscado otro! Éste más invisible si cabe, más peligroso por difícil de identificar: un enemigo grande y oscuro que vive tras la barba de cualquier saudita inocente que viaje libremente en un avión, o de cualquier subsahariano que baja, tambaleándose, de una patera en Lanzarote... ¿Dónde hemos llegado?
Hoy leía en una entrevista al experto en educación del Banco Mundial –Juan Manuel Moreno- que “Cuanto más progresa un sistema, mayor es la insatisfacción”... Yo no sé si ésta es la conclusión, la consecuencia, o la base del problema. Lo único que yo sé es que no podemos, no tenemos derecho a decirnos insatisfechos. Tenemos cuanto precisamos pero... falla la base: es imprescindible no perder la perspectiva y la conciencia de lo que somos, de lo que tenemos, como sistema de progreso. Esto implica ser también consciente de las carencias del modelo: de sus desigualdades y de sus defectos.
La democracia no vale nada si la ciudadanía que la sustenta no cree en sus principios o si, por dejadez o insatisfacción, olvida sus conceptos fundamentales. El ciudadano demócrata –entendido como miembro activo de una democracia sana - debe ser consciente de que la democracia sólo puede funcionar si romaniza: si se extiende, mediante la razón, con sus únicas dos armas en equilibrio: la libertad y la igualdad. Y no valen las bombas. Y menos las bombas preventivas. Para extender la democracia y reafirmarla hay que recordar que el famoso “todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que los otros” es la mentira que marca el principio del final, el germen de los coches incendiados, de las bombas en los mercados y de los controles aeroportuarios desmedidos.
Nunca podremos entrar, como demócratas, en la Asamblea Nacional –o en cualquier otro parlamento- con la cabeza alta, mientras a alguien que pasa hambre le estemos poniendo en la mano un rifle en lugar de un pan. Y más allá incluso: allí donde decidamos poner el pan, deberíamos enseñar a cocerlo. Así detrás del hambre saciada no vendría la vergüenza, sino la dignidad y el progreso y... ¿sabéis qué creo? Que con la dignidad y el progreso es más fácil sentarse a hablar sobre las diferencias.
¿Platónico? Es posible, pero... ¿acaso no está cada vez más claro que Platón, en realidad, siempre llevó razón?
Cuidaos mucho, que sois el futuro.
L.
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