"Broadly speaking, the short words are the best, and the old words best of all" [Sir Winston Churchill]

domingo, 26 de noviembre de 2006

Hágase ¿la luz?

¡Cielos! Lienzo en blanco... ¿pánico escénico? ¿yo? ¡Dios mío! ¿desde cuándo?

Calma, calma, Ludwig, calma... esto se quita saliendo al escenario sonrisa en ristre. ¡Que no se note! ¡Aprieta el culo, que no tiemblen las piernas!... habla pausadamente y respira. Alto y claro; ¡que se oiga bien también al fondo! ¡en todos los rincones! ¡Ah! y esas manos... ¡las manos fuera de los bolsillos, Ludwig!, que nos conocemos...

[Ahora sí...]

Buenas noches

Bienvenidos a la Columna. A mi columna: La Columna de Ludwig.

Aquí, según se suele decir vulgarmente, acaba de hacerse la luz. ¡Pues vaya rollo de luz!, diréis. Hombre... os ruego indulgencia: bien sé yo que entre Él y yo hay serias diferencias. ¿Qué diablos esperabais? ¿El Big Bang? Además: ¡si ya está todo inventado! Haga lo que haga, comparado con el fulgor genésico del día y de la noche, todo me va a quedar pobretón y sin lustre...

Y no es que se haga la luz sin entusiasmo, ¿eh? Ante todo, que conste en acta que el dedo que imprimió de luz a este chispazo ha sido firme. Fir-me. Voluntad no me falta, no... ¿qué? ¡Ay, vaya por Dios!... no; si ya sabía yo que me olvidaba de algo...

Soy Ludwig. Bien, bien, claro: es un pseudónimo -¿o seudónimo? ¡rayos! con éstos de la RAE cambiándonos las reglas todos los días, no hay quien se aclare ya...- Es un pseudónimo, digo, sí... pero bueno: ya le tengo cierto aprecio, después de dos años paseándome con él por eso que llaman la blogosfera... Algunos -los más, supongo... al menos hoy, con esta luz recién hecha- me conocéis, aunque no sea en persona.

Y sí: la verdad es que me siento cómodo ya, en este traje de Ludwig... Al principio sentí que me venía grande y luego... luego como que me tiraba la sisa un poco, en ocasiones, cuando hacía por alcanzar el fondo de los armarios. Pero ya nos hemos hecho el uno al otro, Ludwig y yo, en plan simbiosis. Veréis: llegó un momento en el que Yo (el sin pseudónimo) me puse un día frente al espejo, en plan Alicio, la mar de ineteresado por lo que veía al otro lado, y le dije al del traje estrecho:

"Mira, Ludwig: tú y yo vamos a tener que llevarnos bien, ¿sabes? Y eso porque tú, sin mí, no eres nada; porque vives perpetuamente en el instante en el que se desdibujan las cosas, como cuando amanece, y necesitas de mi solidez para afirmarte y... sí, sí... no te niego que tú a mí también me haces falta, que necesito tu mano para salir a escena a pegar voces, tu traje para que me confundan contigo, ¿ves?"

Ludwig es un tipo razonable. Lo entendió y nos llevamos bien. Ahora Ludwig es muy yo. Y Yo... sí: la verdad es que también soy cada vez más Ludwig.

Los que estén pensando que Ludwig y yo estamos algo locos y que esto, con tanto preámbulo y tanto hagaselaluz y tanta yerba, carece de un sentido claro, además de no parecerse en nada a una columna, llevan razón. Y prometo enmendarme en próximas entregas, pero bueno: es que éste es, digamos, el primer capítulo y... ¿de qué iba yo a hablar en el primer capítulo? El tema del que hablase en un primer capítulo quedaría resaltado... parecería que es el tema que más me preocupa, el que más me obsesiona, o aquél con el que más me identifico. A algún lector de ésos que se tienen por astutos podría parecerle incluso que es el tema que encendió la luz que acabamos de hacer con tanto esfuerzo...

No, no... no hay tema. Esta Columna no va de ETA, ni del conflicto arabe-israelí, ni de Al-Qaeda, ni de periodistas asesinados, ni de política, ni de demócratas o republicanos... o, bueno... quizás vaya de todo esto y de mucho más, y de nada en particular. ¡Hey! ¡pero si es que las columnas no tienen Leitmotiv! Cada día tocará una cosa, claro... y no vamos a hablar siempre de guerras, ni de bombas, ni de huracanes, ¡leche! que también hay veces que las buenas noticias son noticias -como la de que cada año se encuentran 150 nuevas especies animales en España... ¡sí, sí... en España!- Hay veces, incluso, en que la cultura, esa pobre denostada, es noticia -mirad la exposición sobre Alejandría en París, por ejemplo-

De todo esto hablaremos, largo y tendido, "Ludwig y yo", ahora que se ha hecho esta luz de gas que pronto, espero, brillará con mucha más fuerza... Porque en una columna tiene que caber de todo, y tenemos que caber todos. Y es que la Columna; esta columna, es mía; es vuestra; es de todos. De todos los que piensan, aunque sólo sea un poquito, de vez en cuando, cuando se callan los ruidos que atronan la paz de nuestras cabecitas pensantes: de todos los que tienen -y luchan por seguir teniendo- una opinión.

Y aquí me callo. Corto el rollo, como dicen los más-que-modernos, postmodernos. Que el propósito de esto no era otro que el de presentaros la Columna y darme a conocer -a los que nunca se habían topado conmigo, claro- Hablaremos pronto: tan pronto como mañana, quizás, porque en este mundo ocurren tantas cosas que, según pasan los minutos, se nos acumula el trabajo.

¡Anda, Ludwig!, ¡vámonos!... sí, sí... lo has hecho bien. Anda, apaga la luz.... ¡No! ¡ésa no, tarugo! ¡la otra, la que contamina! ésa es la que acabamos de... Madre, ¡qué paciencia!, ¡qué paciencia!

En fin, amigos: lo dicho ¡Cuento con vosotros! Hasta pronto.

Y ya sabéis, porque ¿quién sería este Ludwig si no lo dijese? Cuidaos mucho, que sois el futuro.

Ludwig.

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